10 mar 2012
De niñas nos vistieron con "vestiditos" de volantes y calzaron nuestros pies con "zapatitos" de charol.
Preparadas como "muñequitas", las amigas y amigos de papá y mamá decían: "¡qué guapa y cariñosa es vuestra hijita!"
Nos durmieron con cuentos. Niñas ingenuas y bellas, que si se adentraban en el bosque eran devoradas por el lobo. Bellas durmientes que yacían pasivas hasta ser salvadas por el príncipe. Niñas buenas que realizaban las tareas domésticas a la perfección para siete enanitos encantadores. Brujas y madrastras inteligentes y poderosas pero, precisamente por eso, perversas, feísimas y sin amor.
Para reyes y cumpleaños nos regalaron muñecas y "cocinitas". Y nosotras, felices, jugábamos a las "casitas" imitando el buen hacer de nuestras madres.
si reñíamos con las amigas y llegábamos a casa con cara descompuesta, tristes y llorando, mamá y papá, estrechándonos entre sus brazos, nos decías: "¡pobrecita mi niña, qué sensible es!"
Pero... ¡Ay!... ¡Pobre de ti si, en realidad, adorabas los coches, y los balones, si gozabas subiéndote a los árboles o jugando al fútbol...!
¡Marimacho!
De adolescentes nos decían: "a las diez en casa", "cuídate de los hombres", "tienes que ser una mujer de tu casa"...
De mayores, nos salió novio, nos casamos, dejamos nuestro empleo y pasamos de la tutela de nuestro padre a la de nuestro marido.
Y... tuvimos hijas e hijos
A las niñas las vestimos de rosa..
Preparadas como "muñequitas", las amigas y amigos de papá y mamá decían: "¡qué guapa y cariñosa es vuestra hijita!"
Nos durmieron con cuentos. Niñas ingenuas y bellas, que si se adentraban en el bosque eran devoradas por el lobo. Bellas durmientes que yacían pasivas hasta ser salvadas por el príncipe. Niñas buenas que realizaban las tareas domésticas a la perfección para siete enanitos encantadores. Brujas y madrastras inteligentes y poderosas pero, precisamente por eso, perversas, feísimas y sin amor.
Para reyes y cumpleaños nos regalaron muñecas y "cocinitas". Y nosotras, felices, jugábamos a las "casitas" imitando el buen hacer de nuestras madres.
si reñíamos con las amigas y llegábamos a casa con cara descompuesta, tristes y llorando, mamá y papá, estrechándonos entre sus brazos, nos decías: "¡pobrecita mi niña, qué sensible es!"
Pero... ¡Ay!... ¡Pobre de ti si, en realidad, adorabas los coches, y los balones, si gozabas subiéndote a los árboles o jugando al fútbol...!
¡Marimacho!
De adolescentes nos decían: "a las diez en casa", "cuídate de los hombres", "tienes que ser una mujer de tu casa"...
De mayores, nos salió novio, nos casamos, dejamos nuestro empleo y pasamos de la tutela de nuestro padre a la de nuestro marido.
Y... tuvimos hijas e hijos
A las niñas las vestimos de rosa..
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